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TESTIMONIOS


"Para muchos era una tontería, una estupidez. Para mí era el mayor miedo que pudiera experimentar; un monstruo con el que viví 35 años.

Me sentaba al volante y en automático comenzaba a sentir mi respiración revolucionándose, a sudar copiosamente; perdía el control y me ponía en peligro a mí y a quienes estuvieran conmigo en ese momento.

Soy Raúl Castro Lebrija. Tengo 41 años, nací en Coatzacoalcos, crecí en la Ciudad de México, desde hace seis años vivo en Cancún y tengo… tuve, fobia a manejar.

Mi historia comenzó a los seis años de edad. Mi madre nos llevaba al dentista, a apenas unas cuadras de la casa, en nuestro Datsun 1974, pero a dos calles del consultorio sentí una gran fuerza por nuestro costado izquierdo. Nos estaba chocando una larga camioneta guayín, de esas tan de moda en 1980.

Bajé del auto sin ningún rasguño, ya que mi madre terminó por protegerme del impacto y los cristales, pero al buscar a mis hermanos en los asientos traseros tuve frente a mí una de las imágenes más horribles a mis entonces seis años: los dos asustados, llorando y con rastros de sangre en el rostro y la ropa. “Sólo fue el susto”, dijo mi abuelo. Pero ese susto me acompañó durante muchos años.

Luego de ese impacto me ponía muy nervioso a bordo de cualquier vehículo. Tenía miedo ante la posibilidad de volver a chocar, de voltearnos o de salirnos del camino o de la carretera. En un lapso de 20 años choqué unas siete veces más, nunca manejando. Cada experiencia era una dura crisis que terminaba en depresión, en dolor… mucho dolor. Cuando tenía 15 años, mi padre intentó enseñarme a manejar. Su poca paciencia y la incomprensión de lo que yo sentía, hacía que termináramos a gritos.

Viví todos estos años con una fobia a manejar, a chocar, a que me golpearan, al dolor que eso provocaba. La mayoría de mis amigos ya tenían coche, mis propios hermanos tuvieron coche, y yo solo tenía pánico. Tuve alguna novia que de plano me cortó por el problema y éste se hacía más grave cuando veía a alguna señora mayor conduciendo un coche stadard. Sabía que la señora no tenía mejores reflejos ni era más hábil que yo. Pero ¿por qué yo no podía?

Muchas personas se ofrecieron amablemente a enseñarme a manejar, pero no era una cuestión de técnica, sino de un pánico incontrolable que siempre terminaba por imponerse. Los defraudé a todos. La verdad, pensé que así pasaría toda mi vida, así que comencé a justificarme: “Manejar en el D.F. es horrible”, “prefiero las ciudades con transporte público eficiente como Barcelona”, “me gustan las ciudades donde todos caminan o el metro o toman taxis, como Nueva York”. Además, como tengo problemas económicos, un coche es un lujo que no me puedo dar (¡Fiuuu!). Engañé a muchos, a mí no.

Las cosas realmente cambiaron cuando conocí a Diego Dreyfus y prticipé en su taller “Más allá del miedo”. Con él entendí que, al tomar el volante, mi mente se iba a ese momento del accidente y, lo que ella hacía, era protegerme de repetir una experiencia tan dura. ¡Carajo! ¡Yo tenía seis años! Pero, si yo me mantenía en el “aquí y ahora” estaría seguro. Soy un adulto que hoy puede defenderse, tengo habilidades y buenos reflejos. Riesgos hay siempre, pero yo los podía enfrentar.

Entendí también que mi miedo no era a manejar propiamente, sino a chocar o morir en un accidente. Por ello, en su taller tomé la iniciativa y casi corrí para ganar el lugar y poder meterme a un ataúd. “Si le tengo miedo a morir, pues tengo que vivir la experiencia de morir”, me dije. Al salir y comentar mi experiencia mortuoria con el grupo, mi amigo Martín Verdayes se ofreció amablemente a enseñarme a manejar.

Nos fuimos a un lugar solitario y, en cuanto empecé a conducir, me di cuenta que algo faltaba… ¡La fobia ya no estaba ahí! Evidentemente me faltaba practicar, pero ya no había la angustia ni el pánico que me acompañó durante años al tomar el volante. Al entender el proceso del miedo, pude finalmente superarlo. Yo estaba tan concentrado conduciendo, que no me di cuenta que Martín me tomó esta foto que acompaña al texto. Si tú tienes una fobia, un miedo descontrolado como el que yo tuve, te juro por lo más sagrado que hay una solución. Yo te entiendo y por eso te deseo mi clase de éxito: el superar el más grande miedo que tengas en tu vida. Ese que a muchos les parece una tontería, una estupidez.

Por cierto, ya estoy visualizando el que será mi primer coche."

Un testimonio del taller,
"Mas allá del Miedo"

Muchas gracias a Raúl, por compartirnos su experiencia.

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